Terror interconectado telefónico
El sábado, esperando a que me sirvieran mi comida en un restaurante, recibí un correo electrónico cuyo contenido era el de que un amigo me había dejado un enlace para visitar en mi wall de Facebook. Por no tener nada que hacer (siempre tardan mucho en servir la comida en dicho lugar) decidí acceder vía iPhone para leer el mensaje, obteniendo como resultado el de que cada vez que intentaba entrar a mi cuenta, la aplicación se cerraba. Así que, ni corto ni perezoso, entré al AppStore para descargar la última versión de la aplicación; ya se sabe que si el chiste era el de que cuando un coche no arranca, lo que hay que hacer es salir del coche y volver a entrar, ahora el chiste es que cuando un coche no arranca, entras al AppStore a descargar una actualización para el coche (estamos más cerca de Matrix de lo que pensamos)
Dos minutos después ya podía acceder a mi cuenta de Facebook, vi el enlace, lo visité, me pusieron la comida, comí y pude irme a casa, sin darle más importancia al hecho de la descarga realizada, hasta que de repente, a media tarde, mi teléfono comenzó a pitar una y otra vez, con ese sonido que tiene para los “nuevos mensajes de texto recibidos”. Pensé que quizá me había hecho famoso y todos llamaban o escribían para felicitarme y decidí hacerme el importante y no contestar, hasta que un rato después comprobé que no, que simplemente me estaban llegando notificaciones de toda interacción que alguien en Facebook realizaba conmigo, un bombardeo de interacciones, para ser exactos.









